Ficha del proyecto
Tipología: interiorismo, oficinas, público
Ubicación: Alicante
Año: 2018
Superficie: 400m2
Número: 123
Tamaño: M
Equipo: Javier Yañez (Arq) | Carlos Burgos (Ing) | Esteban Parrés (Ing. Ind.) | Aitor Arenaza (Aparejador)
Cliente: Ayuntamiento de Alicante y Conselleria de Turismo (GVA)
La nueva Oficina de Turismo de Alicante surge de la necesidad de renovar la instalación actual y mejorar su visibilidad en la ciudad, ya que se encuentra en una ubicación poco reconocible.
El emplazamiento elegido ocupa un lugar elevado y de máxima repercusión urbana, justo en el cruce de los principales ejes turísticos y urbanos de la ciudad —el paseo marítimo y la conexión Puerto-Ciudad—, paso obligado tanto para ciudadanos como para turistas. Sin embargo, esta localización implica construir sobre el podio del aparcamiento de la Plaza del Puerto, incorporando inevitablemente un nuevo artefacto disruptivo en la escena urbana. Frente a una imposible y forzada integración “contra natura”, el proyecto apuesta por mostrar su personalidad sin ambages, asumiendo las aparentes desventajas del lugar e incorporándolas como parte esencial del sistema proyectual.
En este sentido, decidimos implementar el mecanismo del “misterio” como estrategia de proyecto. Si bien A. Einstein postulaba que “la imaginación es más importante que el conocimiento”, el proyecto incorpora también las ideas de J. J. Abrams: “el misterio es el catalizador de la imaginación; es más importante que el conocimiento”. A partir de ello, se genera un volumen inquietante, contemporáneo y misterioso que despierta la curiosidad del visitante y del ciudadano. Sobre la Plaza del Puerto aparece así un objeto liviano y extraño, cerrado hacia el exterior y que, deliberadamente, no permite ver lo que sucede en su interior. Tan solo una pequeña rasgadura en su envolvente de aluminio —su acceso— ofrece al paseante la posibilidad de desvelar sus secretos.
En contraste, el interior alberga una experiencia completamente distinta. El espacio se ensancha, se llena de luz y se abre inesperadamente al exterior. Paradójicamente, este estratégico emplazamiento carece de vistas directas hacia dos de los principales valores turísticos de la ciudad: el mar y el castillo. Una vez más, esta aparente desventaja se transforma en una oportunidad para el proyecto. Mediante la construcción de dos grandes periscopios-lucernarios, se introducen reflejadas, casi “por arte de magia”, las vistas perdidas del castillo y del puerto dentro del edificio, convirtiendo su interior en un exterior amplificado, inesperado y sorprendente.
La edificación construye así no solo un nuevo activo iconográfico, moderno, contemporáneo y misterioso para el imaginario de la ciudad, sino también una experiencia única desde la que informarse sobre los valores turísticos de Alicante, inmerso en ellos. Todo ello ocurre en un espacio caleidoscópico y multimedia, bañado por luz natural, donde descubrir los atractivos turísticos de la Comunidad Valenciana.
Adyacente a la zona de atención al público se incorpora un ámbito privado, más íntimo y confortable, destinado al servicio de los empleados, que incluye una sala de reuniones, office, almacén, vestuarios y un despacho para dirección.
Por último, el proyecto busca dejar algo más a la ciudad: esa “liebre por gato” de la que hablaba Alejandro de la Sota, citando a Víctor d’Ors, y que todo proyecto debería ofrecer. En este caso, se materializa en una gran sombra pública cubierta que proporciona a la ciudad un nuevo espacio público atemperado mediante nebulizadores —escaso en la zona— donde resguardarse, conversar, descansar, enamorarse, tomar un respiro y admirar Alicante.

































