Ficha del proyecto
Tipología: interiorismo, vivienda
Ubicación: Castalla, Alicante.
Año: 2005
Superficie: 2000m2
Número: 024
Tamaño: M
Presupuesto: 1600000
Equipo: vicente iborra (arq) | Javier Yáñez (arq) | ivan capdevila (arq)
LA CASA PLURIFAMILIAR_ Una pieza extraña y familiar
1. La casa plurifamiliar
Dos hechos muy particulares han hecho de su localización algo característico. En primer lugar, por estar situada a espaldas de la calle Mayor. En la trama urbana se aprecia cómo sus medianeras no están definidas por edificación sino por los jardines traseros de estas “casas señoriales” del s. XVIII. En segundo lugar, se levanta en la calle “Camí de Cabanyes”, antigua salida de carrozas y mercancías hacia Alicante. La edificación existente solía ser, de hecho, una posada en la que, además, los animales pasaban la noche.
Tal vez por esta razón romántica, el planeamiento la ha incluido dentro del casco histórico de Castalla, siendo, de hecho, la única por debajo de la C/ Mayor que adquiere esta condición. Al dotar de las mismas cualidades a esta nueva edificación que a los distintos grupos de casas (desde las señoriales hasta las más populares) que conforman el casco histórico, nos encontramos dirigidos, en un primer instante, a construir una casa grande más que un edificio con casas pequeñas.
¿Podríamos construir una sola casa en la que conviviesen varias familias?
Sin duda, la preferencia por vivir en una “casa” es mayor que en un “piso”. El reto es, precisamente, proponer viviendas experimentadas como “casas” pero usadas como “pisos”, con las ventajas espaciales de lo que se entiende por “casa” y las ventajas funcionales de lo que se entiende por “piso”. Aquí radicaría nuestra idea de CONFORT.
De hecho, la escala de la intervención y su contexto más inmediato (calle precaria sin acera, jardines y huertos traseros, la cercanía a la plaza del pueblo…) hacen pensar que las relaciones de sus habitantes con los elementos que formarán la comunidad de vecinos (el jardín posterior, la tapia lateral, el patio, la azotea, las escaleras…) son de una intimidad más propia de la vivienda unifamiliar que del edificio plurifamiliar.
Construimos una casa plurifamiliar.
El patio exterior
Los 25 m de profundidad edificable niegan, a priori, la viabilidad de alojar a varias familias.
Rompemos el concepto tradicional de que toda vivienda tenga fachada a la calle y apostamos por dos maneras de disfrutar del paisaje lejano: la vida del pueblo (plaza, casa de cultura, centro social, etc.), por un lado, y el paisaje de las montañas (Sierra del Menejador), por otro.
Colocamos un determinado volumen de aire en forma de patio aproximadamente en la mitad de la profundidad, marcando el umbral entre los que viven en el pueblo y los que viven en las montañas.
El ancho del patio pasará de los 3 m normativos a los 4 m característicos. De este modo, no solo conseguimos meter “más luz” e intimidad, sino que conseguimos construir un ambiente propio más íntimo y blanco. Aparecen, por tanto, dos fachadas interiores que deberán establecer una relación especial con el exterior como las principales.
Este patio no está cerrado lateralmente, teniendo incluso dos alturas libres con vistas directas hacia el Castillo. No es solo un volumen de aire inerte, sino que tiene vida. El hecho de colocar las escaleras y circulaciones en su espesor hace que cada habitante participe de él y de sus relaciones exteriores en su cotidianeidad.
Convertimos un patio interior en exterior.
Esta decisión contribuye a evitar que este vacío se entienda como una separación entre los vecinos que viven a ambos lados. Estratégicamente, ambos lados de la intervención se trabajarán de un modo simétrico para enfatizar la idea de construir una sola pieza-casa, en este caso vaciada en su interior.
La calle jardín
A pesar de la densa trama que define el casco histórico, existen grandes vacíos interiores de jardines y huertas que cuentan parte de la historia no evidente de aquellas casas señoriales del s. XVIII.
El acceso a esta casa plurifamiliar es una oportunidad urbana para acceder a este mundo interior que siempre ha estado tan presente como oculto. El acceso se convierte, por tanto, en doble.
Toma la forma de calle lateral que conecta el Camí de Cabanyes con el verde interior. Por aquí accederán vehículos, residentes, peatones y, en caso normativo, bomberos. Este hueco profundo enmarcará el paisaje posterior a modo de lienzo urbano conformado por una tapia lateral que definirá la propiedad, la intervención y dos comienzos: el de la calle y el del oasis hasta ahora inexistente.
La sección
Una de las diferencias intrínsecas entre casa y piso es la altura libre mínima establecida por la legislación urbanística actual. Esto ha llevado a igualar todos los pisos de vivienda a 2,50 m de altura libre.
Mediante un aprovechamiento exhaustivo de los vacíos de la normativa urbanística manipulamos las alturas libres de la sección. Si en una primera instancia la opción de afrontar los 10 m de altura era dividir entre tres para obtener tres alturas libres iguales, en segunda instancia fue dotar a cada piso de una altura distinta. De este modo, cada usuario se identificará con una altura de la casa.
En planta baja, el forjado puede bajar hasta 1,5 m sin ser considerado sótano. La altura total ya no es 10 sino 11,5 m. Esto permite insertar otra altura más en planta baja a modo de altillo. La vivienda en planta baja se convierte, de este modo, en una casa de tres alturas.
En planta superior, podemos apropiarnos del volumen de aire generado por la inclinación de los planos de cubierta. Por lo tanto, el suelo estará normativamente a 2,5 m de la cubierta, pero a 4, 4,2 y 4,85 m de sus techos, los cuales definirán un paisaje interior muy particular de lucernarios y otras relaciones con el exterior. La vivienda en planta superior se convierte en una casa con techos inclinados.
Al haber ajustado normativamente la planta inferior al máximo hacia abajo y la planta superior al máximo hacia arriba, conseguimos liberar el máximo de altura para la planta intermedia. La vivienda en planta intermedia se convierte en una casa alta.
Lejos de un edificio de 10 pisos, conseguimos construir 10 casas dentro de una casa.
2. Pieza extraña y familiar
Intervenir en un contexto tan cerrado como el de un pueblo nos hace reconocer una serie de rasgos de familiaridad que definen el punto de contacto con la propuesta y que acaban convergiendo en el concepto de propiedad indisoluble al concepto de casa. Queremos hablar del hecho de cierta necesidad de individualizarse mediante el reconocimiento de pertenencia a cierto objeto, en este caso, a cierta casa. “En esta casa vive él; pero en esta vivo yo.”
Acerca de las cubiertas
Con el paso del tiempo se ha ido construyendo un paisaje singular definido por las cubiertas del pueblo. Desde la calle resulta a veces difícil distinguir los límites exactos de cada propiedad, dado que siempre ha habido una cierta tendencia a alinear las cornisas vecinas, así como balcones, ventanas u otros elementos representativos, al mismo tiempo que se construía cierta imagen de calle. Sin embargo, cuando alcanzamos cierta altura, especialmente desde el Castillo, podemos observar con claridad cómo la diferencia entre casas se establece precisamente por la desvinculación de sus cubiertas.
Acerca de la fachada
Siguiendo la idea de “lo familiar”, reinterpretamos la estrategia del hueco como la manera especial que ha construido el umbral entre interior y exterior.
Si bien existe en el pueblo una diferenciación evidente entre fachadas principales representativas y fachadas traseras de servicio, apostamos —dada la condición ambigua del emplazamiento— por una fachada híbrida entre representación y servicio.
Proponemos tres tipos de hueco:
- Hueco profundo: profundidad de fachada como imagen de casa y confort interior.
- Hueco climático: altura completa de la estancia, con ventilación y control solar.
- Hueco invisible: chapa perforada o material similar que difumina interior y exterior.
La disposición de huecos permite una libre partición de cada vivienda creando distintas relaciones entre grupos de huecos y configuraciones interiores.
3. La casa pasante
La vivienda de nuestro tiempo no se ha construido, no se ha pensado. Hemos trabajado con factores de flexibilidad, ambigüedad y mínimos higiénicos. Pero nuestros hábitos han cambiado más rápido que su traslación espacial.
Desde la convicción, utilizamos como referencia dos series televisivas de actualidad como “Los Serrano” y “Aquí no hay quien viva”. Ambas muestran el espectro social actual: jubilados, solteros, divorciados, convivencias múltiples, etc.
Las tipologías hablarán de adaptabilidad, asumiendo la cualidad cambiante de sus usuarios.
Proponemos una vivienda con una pieza central interior servidora y otra perimetral libre servida. En el núcleo interior se concentran cuartos húmedos, almacenamiento y distribuidor. Alrededor, la vivienda puede reorganizarse libremente.
Se define así la “sala pasante”, espacio que conecta ambas fachadas y articula la transición entre lo íntimo (patio) y lo público (pueblo).

































